21/8/18

Al Fran Fran y al vino..., Toro

"El fútbol es un estado de ánimo", dijo alguna vez Jorge Valdano, campeón del mundo con Argentina en México '86 y filósofo contemporáneo. Y el estado de ánimo allá por Ingeniero Maui después de la gran victoria ante San Carlos estaba a tope. No por nada en la semana los Pájaros Asesinos se habían manducado un asado Champion League, una obra maestra que para muchos ameritaba una vuelta olímpica ahí nomás en el momento, sólo por la alegría de vivir y de pertenecer a un equipo tan hermoso como Horneros "F". Aquella noche se vieron caras memorables de felicidad y no sólo fue la del barbudo talibán, incrédulo por la calidad suprema del vacío a la provoleta...

Así, con la confianza arriba y las toneladas de carne ya bien digeridas, el equipo de JT-DT llegó al duelo contra Ayres del Pilar -el primero de la segunda parte del campeonato- determinado a llevarse nuevamente los tres puntos. Otra vez en el Reducto, aquel encuentro era una oportunidad inmejorable para ratificar lo hecho una semana atrás y continuar con la levantada. A pesar de algunas ausencias (Bubugol en Maiame, Monas en la costa y el Negro Yannone buscando su celular tras un dudoso hecho policial...) y de algunos jugadores que llegaban tocados (Colocha con endurecimiento de espalda grado 3 y el Rueda con aductor comprometido), los rojinegros sabían que estaban ante un partido clave y que la victoria no se podía escapar.

Colocha quedó "stand by" en la entrada en calor y el barbudo veterano duró apenas 15 minutos en cancha, pero después de un comienzo algo adverso, Horneros "F" fue encarrilando el partido. Con el ingreso de Joaco Miranda, Franky Augeri -el 10 que es 3 y ahora también 4- abandonó el lateral derecho y se puso la ropa de volante por izquierda, acaso su lugar en el mundo, la posición que lo vio brillar y que años atrás lo llevó hasta la selección de la AIFZN (finalmente, quedó afuera por un error administrativo). Totó se fue de doble 5, acompañando al experimentado Tomi Román Melamed. El buen juego estaba garantizado.

Las piezas tardaron unos pocos minutos en acomodarse y aquel engranaje comenzó a funcionar aceitadamente. Lo había perdido Pol Rubio, cara a cara con el Rasta de Central, cuando tiró a matar y el balón se le fue muy arriba del travesaño, pero el desnivel llegaría algo más tarde, cuando Pancho Yannone capturó un rebote en la puerta del área y giró como un "9" de raza: tremendo derechazo al primer palo y a cobrar. 1-0 Horneros.

Pero la cosa no quedó ahí. Envalentonado, el rojinegro fue por más. Y el Marisco cruzó un bochazo fenomenal y Totó combinó con un inspiradísimo Alexis y el Bichi esta vez no tiró rabona mágica pero sí centro atrás preciso para que llegara como una tromba el eterno Pusinator y con una zurda que mantuvo oculta por los siglos de los siglos amén sacó un remate alto que se clavó en el ángulo superior derecho del Rasta cada vez más vencido. Tiqui tiqui y 2-0. ¡Qué viva el fútbol, Piscunator!

En las tribunas, todo era delirio. El Profe Loncha, que se había ido para descomprimir la difícil situación que atravesaba el equipo dos fechas atrás, ahora lo disfrutaba como hincha y casi que se le caía un lagrimón (qué cama, por favor...). Primero había sido el Fran joven y después, el Fran que-pactó-con-el-diablo-y-se-mantiene-siempre-joven. Horneros ganaba bien 2-0 y no sufría demasiados sobresaltos, con un Flecha firmísimo dentro de una defensa enteramente sólida.

En el segundo tiempo, la tónica no cambió. Y fue allí, en esos 45 minutos finales donde a veces las piernas comienzan a flaquear, cuando surgió una figura enorme. Quitando y jugando, quitando y jugando, quitando y jugando... A su habitual buen pie, este muchacho con pinceladas de lirismo, le sumaba ahora una entrega encomiable y un posicionamiento siempre sabio para interrumpir los ataques rivales. Román también era Chicho. Chicho también era Román. Y ambos eran el gran Tomi Melamed, omnipresente en el Reducto, bastión del mediocampo.

Como siempre, párrafo aparte para Germinator. Con la fiereza habitual, el Asesino Baby Face le puso candado al lateral izquierdo, aunque esta vez sufrió un duro castigo en un balón disputado cerca del córner. El niño biónico terminó en el suelo acusando un fuerte dolor, pero en la tribuna nadie creía que aquella dolencia fuera cierta. "En vez de ir al kinesiólogo, Germi cuando se golpea va al chapista", se escuchó en la platea. Germinator siguió jugando, aunque cerca del final del partido se iría reemplazado. Parece que es de carne y hueso. Humano, nomás.

Pero la tarde tenía deparada una alegría más. Porque antes de volver a ser 3, el 10 siguió siendo 10 y con un toque preciso clarificó una jugada que terminó con el Pol volando por la banda izquierda, desbordando a su marcador y tirando un gran centro atrás para que Pancho sellara su gran tarde con un toque a la red. Gol de goleador y doblete para el Fran joven, que luego se iría reemplazado por Peter Crouch en medio de un baño de aplausos. Alexis, de gran actuación, también había dejado la cancha, no sin antes sacarse chispas con el 69 visitante. Y otro que dejaría la cancha sería Joaco Miranda, luego de un murrazo que le valió su segunda amarilla... Horneros se quedaba con diez. 


Sin embargo, en la recta final del partido, el público siguió gozando. Por ejemplo, cuando Pusinator metió una flotadita mágica en espacio reducido para habilitar magistralmente al Pol. También, cuando el techista se tiró como karateka y metió un terrible planchazo que le valió la amarilla. Lo mismo para el Chicho Melamed, ahora más Chicho que nunca, con su habitual patada a la altura de la rodilla. O cuando a Peter Crouch le agarró un tremendo ataque de habilidad, con enganches y empaladitas incluidas. Qué decir con cada despeje de Ariel "Flecha" Lerner, que hasta metió amague inesperado y salida sutil allá cerca del banderín. El Reducto se venía abajo...

Y se fue el partido. Y el Profe Loncha se fue rápido, temeroso de los embotellamientos a la salida del estadio y porque, hay que volver a decirlo..., no puede terminar de digerir la cama que le hicieron. King size, con colchón de agua, botoncito que la hace vibrar y almohada inteligente. 50 cuotas sin interés con tarjeta del Banco Ciudad. Completita, señores. Al Fran Fran y al vino..., Toro Agesta, que el domingo a la noche -como buen capitán- lideró la continuidad de una jornada memorable. 12 de 13, servilleta y la planilla en un marquito. Pero ya saben: hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:


Horneros "F" 3 - Ayres del Pilar 0

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Franky Augeri, Juan Peluffo, Ariel Lerner, Germán Mucci; Pedro Mucci, Diego Peluffo, Tomás Melamed, Totó Yannone; Alexis Fernández, Pancho Yannone.

Goles, en el primer tiempo: Pancho Yannone y Franky Augeri. En el segundo tiempo: Pancho Yannone.

Cambios: Joaco Miranda por Diego Peluffo; Leandro Korn por Pancho Yannone; Facu por Alexis; Colocha por Germán Mucci.

Expulsado: Joaco Miranda.

13/8/18

9/12

Los animales heridos son peligrosos. La sangre chorreante, el dolor profundo y la amenaza de muerte, pueden convertir al más dócil de los bichos en una bestia temible. Ni hablar si se trata de un Pájaro Asesino. Cuando un Pájaro Asesino está herido, es mejor no acercarse. Atreverse a pisar el Reducto cuando la bandada hornereana sufre de dolor, es prácticamente un acto suicida. Un hornereano que agoniza, un rojinegro que ya no tiene nada que perder, más que un pájaro asesino es un pájaro-bomba, un fanático dispuesto a inmolarse por sus colores.

Horneros llega al partido con San Carlos, el último cotejo de la primera ronda, en el decimotercer puesto de la tabla. Más abajo, no hay nadie. Más abajo, está el abismo, un precipicio interminable que presagia la peor de las caídas. Los muchachos de Horneros F lo saben bien, pero JT-DT (que hace su estreno en soledad luego de la partida del querido Profe Loncha) está dispuesto a meter el dedo en la llaga, en aquella herida de la que les hablaba. Primero, saca un cartel con el número 13 y luego muestra dos números separados por una barra: 6/11. No se trata de un nuevo y extraño dibujo táctico; el entrenador simplemente les está enrostrando a sus dirigidos la pobre campaña realizada hasta entonces: 6 puntos en 11 partidos jugados. Patada al mentón. Algunas venas comienzan a hincharse, la sangre empieza a bombear más fuerte y los corazones le dan patadas al pecho, como queriendo salir de su prisión corporal. En la entrada en calor, Taty (tierno apodo que en nada refleja la ferocidad de su portador) le pone palabras al sentir rojinegro: "A mí no me hacen bien estas charlas, entro con ganas de pegar".

Las palabras del DT han dado en la tecla, pero también lo hacen las del capitán Agesta, que en la arenga final suelta otra gran verdad: a pesar de todas las frustraciones y del puesto 13 en la tabla, allí están los 17 jugadores disponibles del plantel. Nada más y nada menos. ¿Qué hacen allí esos 17, que seguro serían 20 si todos hubiesen podido estar en ese momento en ese lugar? ¿Por qué parecen hacerle caso omiso a la estadística, a esa cruda realidad que los golpea en la cara? ¿Por qué los que suelen jugar, pero también -y sobre todo- los que aún esperan su oportunidad, insisten en dedicarle sus domingos a esa camiseta que intercala tiras rojas y negras? Cuando el árbitro haga sonar el silbato y la pelota comience a rodar, estas preguntas empezarán a responderse.

Horneros Furioso sale a jugar el duelo con San Carlos como si en ello le fuera la vida. Y así es, nomás. Por eso, más allá de algunos leves desajustes iniciales, el segundo de la tabla rápidamente se da cuenta que aquello no será una excursión placentera por aquel verde césped a orillas del Arroyo Escobar. Cuando empiezan a pasar los minutos, de a poco, pelota a pelota, jugada a jugada, San Carlos va tomando conciencia más bien de algo que jamás hubiese esperado: sin saberlo, se ha embarcado -como diría el gran filósofo Javier Salorio- en un terrible "tour guiado por el infierno". Por eso, a pesar de algunas imprecisiones iniciales, el local va imponiendo condiciones, dejando poco lugar para el accionar del visitante.

La apertura del marcador llega luego de un bochazo cruzado del Mariscal Peluffo -el de la "lanza de primera división"- que es aprovechado por Alexis Sánchez digo Férnandez, que con poco ángulo se las ingenia igual para colar el balón en la valla contraria y desata el grito en Ingeniero Maui: 1-0 para Horneros F. El gol parece entonar aún más al equipo de JT-DT, que al ímpetu le agrega una dosis mayor de juego. Y se suceden dos, tres, cuatro toques. Y la pelota comienza a circular. Y Bubu y Colocha toman las riendas del mediocampo y las jugadas terminan en remates que inquietan una y otra vez al arquero visitante. Agesta, por el contrario, no sufre demasiados sobresaltos, aunque termina extenuado..., de tanto gritarle al árbitro.

Los minutos iniciales del segundo tiempo repiten la tónica de la primera etapa. La fiereza de los Pájaros Asesinos se mantiene y -cuándo no- encuentra su máximo exponente en el pequeño gran Germinator. En un par de jugadas, el joven Mucci proporciona nuevas pruebas a los científicos que estudian su compleja composición corporal: una férrea aleación de acero, níquel y cobre, una extraña osamenta metálica que lo convierte en un ser único en el planeta. Indestructible, Germinator mete miedo en cada cruce y genera pedidos de clemencia de los rivales. Uno de ellos se atreve -acto de locura si los hay- a meterle un durísimo planchazo en una pelota dividida y el Asesino Baby Face por un momento parece retorcerse de dolor, pero es tan sólo una sutil pantomima. Nada, Germinator no tiene nada, ni siquiera un rasguño.

Pero además de furia, nuevamente hay juego. Horneros genera situaciones y el segundo grito se atora un par de veces en las gargantas locales. Es Pancho Yannone, de buenos movimientos durante todo el partido, quien está cerca de estampar el 2-0; primero, cuando mete un cabezazo que el arquero sancarlense despeja milagrosamente; después, cuando la para de pecho y mete una volea que merece destino de red pero que lamentablemente no lo encuentra. Es cuestión de tiempo nomás. Y es justamente Peter Crouch, que ingresa por el joven Pancho, quien pegará el esperado segundo grito de la tarde.

Todo nace en una pelota parada cerca de la línea central. Mientras el gran Marisco se acerca al balón, su barbudo hermano le suelta, con aires de veteranía y tono de fórmula secreta: "apuntale al travesaño que el arquero no ve nada por el sol". Facilísimo, seguramente piensa el Zar de la pegada, quien por suerte hace caso omiso al "consejo" y opta simplemente por ponerle la pelota en la cabeza al espigado Crouch para que, desde las alturas, meta un gran frentazo y establezca el 2-0 en el marcador. Tranquilidad, al menos por un tiempo.

Sobre el final, San Carlos encuentra el descuento en una jugada azarosa: desvío en Flecha que descoloca a Rocha, roce en el palo y el talibán que despeja cuando el balón ya ha traspasado la línea. Quedan unos minutos de sufrimiento pero el propio Flecha despeja los peligros al grito de "Ariiiii" y Colocha sale limpio para iniciar una contra que encuentra a Germinator cual Droopy en la banda derecha, partiendo desde su propio campo a toda velocidad como si fuera su hermano Pedro y cruzando un furibundo remate cruzado para poner el definitivo 3-1. Polazo, digo golazo.

Victoria y desahogo para el local, fin del tour infernal para la visita. En el medio de la algarabía por el resonante triunfo, de repente una pregunta incómoda aparece flotando en el aire: ¿hubo cama al histórico Profe Loncha? ¿Cómo puede el último de la tabla ganarle con semejante autoridad al segundo? Bueno, ya no es el último de la tabla. Y eran 17 guerreros, como siempre, listos para entrar. Y pronto serán 20, todos los que integran este plantel, ansiosos por dar batalla. Hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:

Horneros "F" 3 - San Carlos 1

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Tati Monas, Juan Peluffo, Diego Peluffo, Germán Mucci; Franky Augeri, Bubu Melamed, Colo Korn, Totó Yannone; Alexis Fernández, Pancho Yannone.

Goles, en el primer tiempo: Alexis Fernández. En el segundo tiempo: Lean Korn y Pedro Mucci.

Cambios: Leandro Korn por Pancho Yannone; Tomi Mela por Bubu; Peter por Franky; Ari Lerner por Totó.

3/7/18

Horneros Cero

Cero calorías, cero estrés, gaseosas cero, primavera cero, tolerancia cero y hasta pobreza cero (¿?). Hace tiempo que el cero está de moda y los Pájaros Asesinos no quieren ser menos. Por eso, acaban de lanzar al mercado futbolero su nuevo producto: Horneros Cero, un equipo aguerrido y luchador que se desvive por mantener su valla invicta, un grupo de fundamentalistas de la defensa, partidarios acérrimos de la "no emoción" que experimentan un goce supremo ante la inmutabilidad del marcador. Si viene algún golcito a favor, como una fruta madura que cae de un árbol por la mera acción de la gravedad, bienvenido sea, pero tampoco sea cosa de andar buscándolo con desesperación. Es un momento duro y hay que ahorrar, ya lo saben. Horneros Cero, un equipo a tono con los tiempos que corren. Horneros Cero, compralo ya. Al contado o en cuotas, cero interés.

Golpeado tras una dura racha negativa, Horneros F llega al duelo con San Diego con el regreso del capitán Agesta y una gran sorpresa al borde de la línea de cal: Joachim Low, inesperadamente eliminado en primera ronda del Mundial con su poderosa Alemania, decide darle una mano a los de Ingeniero Maui y se aparece en la cancha 4 de aquel coqueto country de Moreno. El objetivo: anular al rival y mantener la valla en cero, como ya se dijo más arriba.

Viniendo de un técnico de primerísima línea como Low, los muchachos rojinegros se toman muy en serio la consigna y salen decididos a cumplirla, cueste lo que cueste. Como suele suceder en estos casos, hay un autor intelectual pero también una "mano derecha" que lleva la teoría a la práctica, un "brazo ejecutor" que aplica a rajatabla la estrategia y le marca el camino al resto. Mejor dicho, dos brazos ejecutores: los del captain Agesta, entrenado severamente en Siberia y dispuesto a dar la vida por el nuevo dogma.

A lo largo del partido, el arquero desarrolla todo tipo de estratagemas para mantener el cero en su valla, incluyendo una llamativa pose en jarra con dos pelotas a sus costados y una gran habilidad para sumar segundos sin que el balón entre en juego. Pero el nuevo dogma también cala hondo en uno de los más jóvenes del plantel rojinegro. Hablamos del Gran Germinator, claro. Cual robot al que se la ha impartido una nueva orden, el menor de los Mucci entra en modo "rompo todo" y parece disfrutar como un niño del arte de reventar balones. ¿Salir jugando? Nooo, nada de eso. ¿Para qué?

La primera parte se va con el 0-0 bien firme, pero antes él arbitro -una mezcla de Gene Wilder y Marco Ruben- nos deja una hermosa enseñanza de vida: no se debe amagar con patear un tiro libre cuando hay un rival que impide jugar rápido. Eso no está bien, no se hace. No es que el reglamento lo impida, pero hacerlo va contra la moral y las buenas costumbres de la sociedad occidental. Seamos educados y no repitamos acciones de esa calaña.

¿Emociones? Las emociones llegan en el entretiempo... desde la cancha de al lado. Primero, hay penal y gol para San Diego (San Diego J o W o X, otro San Diego...) y al minuto penal y gol para el visitante, luego de una falta estilo "Gato Sessa" del arquero local, quien le recrimina duramente al árbitro. Mientras tanto, los Pájaros Asesinos toman agua plácidamente, absortos por tal acumulación de incidencias en tan breve lapso de tiempo. Derroche innecesario, piensan al unísono, sin necesidad de hablarse.

En el segundo tiempo, la cosa amenaza con cambiar. El local muestra impotencia y Horneros empieza a encontrar algunos espacios para la contra. Encima, Peter Crouch ya está en cancha, siempre una presencia amenazante para los defensores rivales. Pero el Zlatan hornereano está tan compenetrado también con el nuevo dogma que decide emparejar las cosas y mete un patadón tras una escaramuza en un córner que termina valiéndole la tarjeta roja. No sea cosa que la fruta madura termine cayendo del árbol...

La recta final del partido es para el disfrute total de los fundamentalistas de la defensa, con Germinator poniendo balones en órbita, el talibán sacando una pelota en la línea, el juvenil juez revoleando tarjetas amarillas y el gran Agesta haciendo gala de todo su repertorio (hasta hace echar a alguien con su estado físico). Los locales parecen no estar del todo contentos con este nuevo "Horneros Cero", pero el árbitro sí está feliz. Es tanto el disfrute del enrulado referí que busca que aquello no se termine jamás y agrega 8 minutos más, 460 segundos adicionales para que Agesta siga alimentando su efectiva máquina tragarelojes. Pero no se puede jugar para siempre y finalmente al árbitro no le queda otra que hacer sonar el silbatazo final.

Objetivo cumplido: el 0-0 se ha mantenido inmutable durante todo el encuentro. Luego del duro golpe sufrido en Rusia, a Joachim Low se lo ve satisfecho. Sin embargo, en la charla de cierre, el técnico alemán deja algo bien en claro: el próximo partido, además de mantener el cero en valla propia, habrá que hacer algo más. Si la fruta no cae por la mera acción de la gravedad, habrá que agitar el árbol una y otra vez, cada vez más fuerte... Solamente así, de a poco pero con mucha decisión, comenzaremos a llenar la canasta. Hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:

San Diego 0 - Horneros "F" 0

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Joaco Miranda, Juan Peluffo, Diego Peluffo, Germán Mucci; Negro Yannone, Tati Monas, Fede Pascual, Totó Yannone, Pedro Mucci; Pancho Yannone.

Goles: no hubo.

Cambios: Leandro Korn por Pancho Yannone; Ari Lerner por Tati Monas; Franky Augeri por Negro Yannone; y Facu Gurevich por Fede Pascual.

31/5/18

Vacío existencial

“Y yo también quise ser. Fue lo único que quise; ésta es la clave del asunto. Veo claro en el aparente desorden de mi vida: en el fondo de todas esas tentativas que parecían sin relación, encuentro el mismo deseo: arrojar fuera de mí la existencia, vaciar los instantes de su grasa, torcerlos, desecarlos, purificarme, endurecerme, para dar al fin el sonido neto y preciso de una nota de saxofón. Hasta podría constituir un apólogo: era una vez un pobre tipo que se había equivocado de mundo”.
Jean Paul Sartre, “La náusea” 

Depresión, desamparo, desesperanza. Es lunes a la mañana y la derrota 1-2 ante Miraflores todavía duele. “Qué semana de mierda...”, pensás. “Qué partido perdimos...”, te repetís una y otra vez para tus adentros. Ahí, en tus adentros, estás destrozado. Las jugadas más importantes del partido se te aparecen como relámpagos sin aviso y te sacuden el alma, como una larga tortura que te va dejando extenuado. Al final, no tenés ganas de nada. El vacío existencial se apodera de vos y sólo querés que llegue el fin de semana para volver a vivir. Porque, hasta que vuelvas a ponerte la casaca rojinegra y entres a jugar al Reducto en busca de revancha, todo lo demás será solamente relleno.

El miércoles a la noche, sin embargo, la vida empieza nuevamente a recobrar sentido. Juego, luego existo. Las luces del NEC se prenden (se prenden, se apagan, se prenden...) y adentro tuyo también hay algo que se enciende. Una chispa y otra y otra más; los chispazos se suceden hasta que se produce una suerte de combustión interna y el milagro se hace presente: fuego. Sí, fuego otra vez, como cada domingo, como cada miércoles. Fuego sagrado hornereano, calentando tu sangre rojinegra, moviendo tus músculos ávidos de acción. La derrota contra Miraflores todavía duele, pero tu cuerpo tiene memoria. Y tu cuerpo recuerda aquella verdad esencial que ya había sentido el viernes pasado, antes del partido contra Larena: estar en el lugar correcto ya es una victoria.

Es miércoles a la noche y estás en el lugar correcto. Estás en tu mundo, con tus compañeros de mundo, los únicos que realmente pueden comprenderte. Juego, luego existo. Hay tanto fuego ahora, tanta pierna y corazón en llamas, que el NEC por un momento se transforma en un infierno, una verdadera hoguera. La pelota parece un cometa, un meteorito ardiente que viaja a la velocidad de la luz adentro de un pin-ball asesino. Hay equipos de pendejos, medianos y veteranos, hay duelos memorables, relojes adulterados, goles de chiripa y también golazos. Hay fútbol, hay vida.

A esa altura, ya tenés más que claro que estás en el lugar correcto. Pero cuando entrás a lo del gran Colocha y divisás la parra ardiente y lo ves al Negro Yannone “en su salsa” y al capitán Agesta “en su tinto” y sentís los aromas del asadazo inminente, ya no queda ningún tipo de dudas: llegaste al Edén, al paraíso terrenal. No podrías estar mejor: allí abundan la bebida, la comida y los Pájaros Asesinos hambrientos de gloria pero no solamente de eso, claro. Todo fluye, todo encaja perfectamente. Te preocupa un poco “Chimenea” Gurevich, cuyo rostro empieza a deformarse lentamente, pero luego todo en él se reduce a una sonrisa dibujada constante y entonces volvés a respirar tranquilo. El que no respira es el Pol, que engulle cantidades astronómicas de carne en tiempo récord, rápido como cuando encara rivales en la cancha. La noche avanza. Agesta sigue tomando, Gure sigue fumando y de aquel vacío existencial que sentías el lunes por la mañana ya no queda rastro alguno. Ahora, el único vacío que se apodera de vos es un vacío con queso que te hace sentir más vivo que nunca. Con provoleta o con roquefort, ya no quedan dudas: se trata del verdadero vacío existencial. Estás en el lugar correcto y el ser, aquel ser que parecía extraviado, hace rato que te volvió al cuerpo. Sos un Pájaro Asesino. Sos un rojinegro de ley. Sos parte de este grupo hermoso que el domingo va a salir con todo a buscar una nueva victoria en el Reducto. ¡Salud!




27/5/18

El Reducto está encantador

Cuando lo ves al Doc llegar en bicicleta en el momento justo, en ese segundo preciso en que el aire amenaza cortarse, cuando lo escuchás tirar una frase que permite la transición perfecta y distendida hacia la siguiente etapa de la charla, cuando -algo más tarde- volvés a ver al mismísimo Cirujano del Gol clavando la pelota en el ángulo con un zurdazo que convoca (y hasta supera) los mejores recuerdos, sentís que los planetas están alineados y una mueca de alegría se dibuja en tu rostro.

Cuando te recostás en el césped verde perfecto del Reducto y te sentís tan cómodo que querés quedarte a vivir ahí por el resto de tus días, cuando el sol te pega en la frente y los pensamientos ridículos de la semana y todo lo que sobra en tu existencia desaparece, una energía extra comienza a subirte desde los botines hasta la cabeza. Ahí estás vos, tus compañeros, la pelota, el fútbol: la síntesis perfecta, la esencia, el hogar. Y aunque las cosas puedan salir bien o mal, tenés una certeza, una verdad poderosa que te nutre con su fuerza inapelable: estás en el lugar correcto. Nada más y nada menos. Eso ya es una victoria, un enorme triunfo. Pero, claro, no te alcanza. Porque sos un pájaro asesino, porque la sangre rojinegra corre por tus venas y cuando el árbitro haga sonar su silbato, vas a dejar el alma para que esos tres puntos en juego se queden en casa.

Comienza una inusual "doble fecha" y, en el regreso al Reducto sagrado, Horneros F recibe a Larena. El equipo de la dupla Loncha-Juancho, que viene de empatar ante Pueyrredón y va en busca de la primera victoria en el torneo, cuenta nuevamente con los servicios de Bubugol. El Cesc Fábregas de Horneros aprovechó la suspensión y las lluvias para dedicarse de lleno a una campaña mundialista de electrodomésticos, pero ahora no piensa en nada más que en calzarse los cortos y aportar lo suyo para que el rojinegro vuelva al triunfo. Los técnicos disponen un 4-4-2, con Bubugol-Colocha en el doble cinco, la juventud de Totó y el Pol para hacer de nexo y Alexis Gambeta acompañando a Zlatan Korn en la delantera.

Los minutos iniciales no se presentan fáciles para el equipo de Ingeniero Maui. El sol de frente complica la visión y el visitante recurre repetidamente a los pelotazos largos, a veces metiendo hasta cuatro jugadores bien de punta para dificultar la tarea de la defensa local. Además, Larena tiene un arma capaz de hacer mucho daño: un demonio con el "13" en la espalda, una especie de Lucifer dispuesto a desparramar toda la maldad de su gambeta por el campo de juego. De potente remate con su zurda, el Satán visitante empieza a exigir al gran Rocha, que salva la valla hornereana con sus habituales manotazos magistrales. En uno de esos intentos, un rebote queda boyando y un delantero larenista supera los esfuerzos del capitán rojinegro, pero aparece justo a tiempo un barbudo veterano de aspecto islámico (¿talibán de la defensa?) y desactiva la bomba sobre la línea, evitando el 0-1. Lo que no puede evitar es que le saquen amarilla por una patada karateca que -por suerte- no llega a destino.

Más allá de algún momento de zozobra, los Pájaros Asesinos comienzan a tomar el control del partido y a generar peligro sobre el arco visitante. Muy activo, Alexis se mueve bien por la izquierda del ataque y Peter Crouch incomoda a los centrales, pivoteando con su fuerza física y bajando balones para la llegada de los volantes. El joven Totó aporta rebeldía cada vez que toca el balón y Pol Rubio está enchufado, casi como en esas clases de filosofía que tanto le apasionan y que su maestro Merlí da en el Institut Ángel Guimerá. El Pol está flipando, Totó está encarando, Alexis está gambeteando y Zlatan está ahí, boyando, esperando su oportunidad. Y la oportunidad llega, cuando recibe un pase preciso desde la izquierda y define cruzado de derecha para poner el 1-0 en el marcador. Los visitantes reclaman orsai, pero a Zlatan poco le importa. Lo único que quiere es ir en busca de él, de ese DT que le hace bullying en la semana, para dedicarle su revancha en forma de "Topo Gigio". Arriba Horneros F.

Los minutos siguientes transcurren con relativa tranquilidad para el local, que está más cerca del segundo que de sufrir el empate de la visita. Sin embargo, el sol de frente hace su parte y, tras un yerro defensivo, Lucifer clava un zurdazo demoníaco para poner el 1-1. Bronca enorme en los Pájaros Asesinos, que no pueden creer que el tan buscado "cero" se les haya escapado de esa manera. Por suerte, la desazón dura poco y el orden cósmico pone las cosas en su lugar: pelotazo largo de Rocha, desinteligencia fatal entre el arquero y un central de Larena que cabecea para atrás, y Alexis Gambeta que aprovecha con sumo oportunismo para volver a poner arriba al rojinegro: 2-1.

En el entretiempo, la dupla Loncha-Juancho decide meter un cambio: sale Colocha y entra Flecha de segundo central, con el talibán pasando a la mitad de la cancha. Falto de compañía, Lucifer lo intenta todo pero sólo logra incomodar con algún remate de afuera del área, nuevamente resuelto por las manos firmes de Rocha. Horneros F casi mete el tercero cuando el ingresado Román Melamed deja dos hombres en el camino y asiste a Alexis, quien gambetea al arquero y ya sin ángulo, tira el centro atrás para la llegada de un Bubugol que no puede convertir. El rojinegro sabe que con un gol más dejará casi sentenciado el partido y el ansiado tercer grito finalmente llega: Zlatan peina hacia atrás un balón enviado desde la derecha, Alexis -gran protagonista del encuentro- pone bien el cuerpo y, tras dejarla picar, le pega de zurda por primera vez en su vida para clavarla arriba y establecer el 3-1 final.

Lo que queda del partido deja en evidencia toda la impotencia de Lucifer, que imposibilitado de esparcir la maldad por medio de la pelota, recurre a otros medios más directos: tras tirar un par de codazos, el árbitro le muestra la segunda amarilla y luego la consecuente tarjeta roja. También habrá tiempo para un tiro libre ideal para la pegada de CrisTati Ronaldo. La expectativa es enorme y el público prepara los celulares para inmortalizar el momento. CrisTati toma apenas dos pasos de carrera y acaricia el balón con su derecha prodigiosa, pero la "caricia" se le va un poco alta y los hinchas guardan sus teléfonos, desilusionados.

Llega el silbatazo final y los Pájaros Asesinos celebran la victoria, la primera en el torneo. La doble fecha apenas da tiempo para festejar: mucha elongación, alguna birrita recuperadora y a pensar en el domingo, que hay que estar de nuevo al 100% para salir con todo a buscar otros tres puntos. Hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:

Horneros "F" 3 - Larena 1

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Federico Pascual, Juan Peluffo, Diego Peluffo, Germán Mucci; Bubu Melamed, Nicolás Korn, Totó Yannone, Pedro Mucci; Alexis Fernández y Leandro Korn.

Goles: Alexis Fernández (2) y Leandro Korn.

Cambios: Ari Lerner por Nicolás Korn; Tomi Melamed por Totó Yannone; Franky Augeri por Leandro Korn; Tati por Germán Mucci; y Pancho Yannone por Alexis.

22/5/18

El arca de Horné

Luego del diluvio universal, las aguas comenzaron a bajar. Había llovido durante 150 días. Primero se divisaron los picos de las montañas más altas y luego las copas de los árboles más longevos, pero aún no había rastros de ellos, los amados campos de fútbol. Horné mandó a uno de sus Pájaros Asesinos en busca de una porción de tierra seca, pero éste no trajo en su pico rastro alguno de césped sagrado, mucho menos un ramo de olivo. Tras algunos días más de espera, aquellos seres rojinegros elegidos por el Señor para dominar sobre las canchas arrasadas, finalmente divisaron sobre el horizonte una gran línea blanca. Sí, era un travesaño. El Arca de Horné fue navegando lentamente, acercándose hacia su blanca meta empujada por el viento y la corriente. De a poco, a medida que las aguas continuaban descendiendo, los caños fueron haciendo su aparición. La dupla Loncha-Juancho amarró la embarcación a uno de los palos y esperó pacientemente a que el Arca de Horné reposara sobre el césped. Aquellos días aciagos habían llegado a su fin: era tiempo de jugar al fútbol.

Esta vez, la cita era en la cancha de Pueyrredón, aquel escenario liliputiense donde Monas El Grande se había convertido en leyenda. Los Pájaros Asesinos venían de una dura caída ante Cardales, pero eso había quedado allá lejos y hace tiempo, antes del cataclismo lluvioso que había obligado a la abstinencia futbolera. Sin Bubugol ni Joaco Miranda, aunque con algunos lesionados recuperados, los rojinegros llegaban al duelo con un firme deseo: llevarse los tres puntos de aquel minúsculo escenario.

El partido se presentó de acuerdo a los pronósticos: duro, trabado, con pocos espacios y muchas dificultades para elaborar juego asociado. Los pelotazos estaban a la orden del día y la clave pasaba por no dar concesiones, evitando cualquier mínimo error que pudiera ser capitalizado por el rival. El rojinegro buscaba generar peligro con Zlatan como faro, Alexis por afuera y Toto y el Pol llegando desde más atrás con la fuerza de la juventud. Sin embargo, las situaciones escaseaban de uno y otro lado.

Además de sus siempre amenazantes "laterales de la muerte", el local supo llegar al fondo en un par de ocasiones, pero la defensa y las seguras manos de Rocha lograron neutralizar aquellos intentos. El equipo de la dupla Loncha-Juancho buscó lastimar con alguna pelota parada, pero sin la justeza necesaria como para inquietar al pequeño arquero de Pueyrredón. Lo que sí abundaba era el roce, la pierna fuerte y las discusiones por un árbitro al que le costaba fijar un criterio único para toda la cancha. Al descanso 0-0.

El segundo tiempo arrancó parecido, pero al rato el partido se rompió. Mientras Peter Crouch y Alexis Gambeta protagonizaban una telenovela para ver quién la metía, un lateral rápido, un centro instantáneo y una definición certera pusieron 1-0 arriba a los locales. Lastimado, Horneros F empezó a mover la pelota con más decisión. Y entonces las situaciones empezaron a repetirse de un lado y del otro.

Pueyrredón pudo haberse puesto 2-0 pero allí apareció nuevamente el gran Rocha con un manotazo fenomenal que dejó atónito al 21 local, que la había querido picar. Horneros F seguía yendo en busca del empate, ahora casi con un "doble 9" integrado por Crouch y el ingresado Pancho Yannone. Lo tuvo Pusineri, entrando como una tromba desde la franja izquierda, pero no pudo doblegar al ahora espigado arquero local. Y en la continuidad de la jugada llegó el empate: Crouch tomó la pelota en el borde del área, giró y metió un ¡zurdazo! con efecto tobillo loco que describió una extraña parábola y sorprendió al largo guardavalla. Vaselina y 1-1. El goleador rompía la sequía y marcaba su primer tanto en el torneo (faltan 9...).

La recta final fue intensa. El local tuvo una clarísima, con un cabezazo al palo y una pelota a la Luna en el rebote desde una posición inmejorable y con Rocha pidiendo clemencia. Los Pájaros Asesinos también tuvieron las suyas, con el tándem Monas-Pascual dejando un surco por derecha. El hombre de los calzones hot dog tiró un centro preciso con rosca perfecta y Zlatan casi moja de nuevo, pero el árbitro anuló la jugada por un orsai ojo de lince inexistente. Mención aparte para Pascual, el Buffa hornereano, un correcaminos incansable (45,2 kilómetros recorridos) que no paró nunca hasta el final del encuentro.

El 1-1 final dejó al rojinegro con ganas de más aunque también con la tranquilidad de haberlo dejado todo. El post partido tuvo charla técnica e incluso debate con intercambio de opiniones, pero siempre con una cosa bien clara: todos los Pájaros Asesinos en el mismo barco, todos firmes en el Arca de Horné. Porque el diluvio universal quedó atrás, pero ahora se viene otra tormenta: la nuestra. A arrasar con todo.

Resumen del partido:

Pueyrredón 1 - Horneros F 1

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Germán Mucci, Juan Peluffo, Diego Peluffo, Fede Pascual; Tomás Melamed, Nicolás Korn, Pedro Mucci, Toto Yannone; Alexis Fernández y Leandro Korn.

Goles: Leandro Korn.

Cambios, todos en el segundo tiempo: Franky por Germi, Fran Yannone por Tomi, Tati por Alexis, Ari por Rueda y Negro por Pedro.

17/4/18

La camiseta más linda del mundo


Si alguien lo hubiese filmado, ya estaría circulando de forma viral en las redes. Como la arenga de la Bruja Verón antes de salir a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Barsa y tantas otras. La charla técnica ya quedó atrás y el querido Profe Loncha -otra vez en Horneros gracias al "clamor popular"- toma la palabra. El vestuario rojinegro se sume en el más absoluto silencio para darle paso a la voz del añorado DT. Aunque lo conocen, no ven venir la piña: el Profe Loncha habla del corazón de este equipo. Habla -también él- con el corazón en la mano, con esa voz que por momentos amaga con quebrarse (y con quebrarte). Habla de los más grandes y lo más chicos, del capitán todo-terreno, de Monas que siempre tira para adelante con humor intacto, de ese ADN que identifica a este grupo de Pájaros Asesinos hambrientos de gloria. A algunos se les eriza la piel, otros intentan ponerle un freno a las lágrimas que ya están por asomarse. A todos los embarga la emoción, el orgullo de ser parte de Horneros "F", de vestir la camiseta más linda del mundo.

La camiseta... Cómo no hablar de la camiseta... Un rato antes, cuando el Negro Yannone y el Captain Agesta abren la caja mágica y empiezan a repartir las nuevas casacas rojinegras los rostros de todos parecen aniñarse. Es Navidad adelantada y el arbolito te trajo el mejor regalo que podrías haber soñado jamás en tu puta vida: colores, escudo, número y hasta nombre (o apodo). Sonrisas de oreja a oreja. Y más sonrisas ante algún pantaloncito demasiado apretado o alguna casaca que merecía un talle más (¿hubo complot?) Así, con la camiseta más linda del mundo y el corazón en la mano, Horneros "F" salió rumbo a la cancha.

Claro, después de todo esto había un partido. Y no era un partido cualquiera: los Pájaros Asesinos debutaban en un nuevo torneo de Selección "B" ante Ayres del Pilar, casualmente el mismo rival del comienzo del campeonato anterior en la "C". Pronóstico de partido chivo para un plantel que llegaba con una lista récord de 18 jugadores a disposición de la dupla Loncha-Juancho, listos para saltar al verde césped.

La primera jugada del partido mostró a las claras las intenciones del local: pelotazo cruzado a espaldas de Germi y llegada al fondo para tirar el centro. El rojinegro estaba avisado y no llegaría demasiado peligro por esa vía. Como habían avisado los detés, aquellos primeros minutos estuvieron repletos de ansiedad. Horneros controlaba bien los intentos de Ayres, pero no lograba la serenidad necesaria para elaborar juego colectivo. Lo más peligroso eran los embates de Pol Rubio por derecha, que lo tenían a maltraer al 19 local.

Dentro de un trámite con pocas luces, cada equipo tendría una chance clara para convertir: un mano a mano magistralmente resuelto por un Rocha inspirado y un remate de Colocha que dio en el poste tras -cuándo no- una buena jugada del Pol por derecha. Un primer tiempo algo chato que obligaría a un cambio en los de Ingeniero Maui: afuera Rueda, desgarrado; adentro Alexis Gambeta, con Joaco pasando a la posición de segundo central y Morfet al lateral derecho. El local tendría alguna otra llegada de peligro, pero nuevamente Rocha daría muestras de una solvencia fenomenal.

En el segundo tiempo, el rojinegro se dio cuenta que si apretaba un poco el acelerador podía llevarse los tres puntos. Peter Crouch peleaba todas como un león, el Pol seguía complicando por derecha y ahora Alexis Gambeta también era una amenaza por izquierda. La defensa no sufría demasiados sobresaltos y Rocha no tenía demasiada acción, bien custodiado por Morfet, Juancho, Joaco y Germán Mucci, el niño que lo sabe todo.

Párrafo aparte para Germi. Pobre aquel que se cruce en el camino del Gringuito Heinze de Horneros... Callado, tímido y respetuoso, Germinator se transforma en un animal hambriento cuando sale a disputar una bola dividida. Retroceder nunca, rendirse jamás. Germinator es un verdadero tractor, un Scania que viene de frente y que es imposible frenar. Cada pierna del Mucci defensor es como el grueso tronco de un árbol lanzado a 100 kilómetros por hora. Lo padeció aquel volante de Ayres que puso la pierna demasiado flojita y tuvo que salir reemplazado: sus huesos todavía deben estar temblando, víctimas del rigor del lateral izquierdo hornereano. Asesino "baby face", una combinación letal. Reemplazado por Pusineri, salió ovacionado por la hinchada (liderada por el bravísimo Flecha Lerner).

Pudo ponerse en ventaja el rojinegro, pero Bubu falló luego de un centro (no tan de la muerte) del ingresado Pusineri que bajó de las alturas el espigado Crouch. Tomi Román Melamed también tuvo la suya, un remate de zurda en slow motion que el arquero local resolvió con algo de suspenso gracias a un manotazo de último momento. La dupla Loncha-Juancho metió cambios buscando más frescura: el promisorio Toto por Mela y el Negro Yannone por Colocha. Llegó la expulsión de Bubugol por exceso verbal y el 0-0 empezó a conformar. Sobre el final, el local quiso aprovechar la superioridad numérica y comenzó a apretar un poco más, pero nuevamente apareció el enorme Agesta para neutralizar todos los peligros.

El árbitro -horrible durante todo el partido- dio el pitazo final y enseguida le llovieron ofertas de reglamentos de fútbol a precio módico. Más allá de alguna bronca por la sensación de que una victoria era posible, el 0-0 en el debut dejó cierta conformidad luego de una pretemporada sin triunfos. El torneo recién empieza, los Pájaros Asesinos ya demostraron que están para dar la talla y Pusineri ya demostró que está dispuesto a pasarse el año escribiendo servilletas locas. La mesa está servida, muchachos. Hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:

Ayres del Pilar 0 - Los Horneros "F" 0

Formación inicial: Rodrigo Agesta; Joaquín Miranda, Juan Peluffo, Diego Peluffo, Germán Mucci; Federico Pascual, Tomás Melamed, Matías Melamed, Nicolás Korn; Pedro Mucci y Leandro Korn

Goles: No hubo.

Cambios: PT: Alexis Fernández por Diego Peluffo; ST: Francisco Augeri por Germán Mucci; Toto Yannone por Tomás Melamed y Juan Yannone por Nicolás Korn.

Incidencias: En el segundo tiempo, fue expulsado Bubu Melamed.

27/11/17

Sí, quiero

"Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en el triunfo y en la derrota, amarte y respetarte todos los días de mi vida. Hasta que las muerte nos separe".

¿Cuando sucedió? ¿Cómo? ¿Acaso fue un flechazo instantáneo o simplemente el sentimiento fue creciendo día a día, partido a partido, año tras año? ¿Hay alguna explicación posible? ¿Cómo mierda se entiende que uno se enamore perdidamente de una camiseta, de un equipo de fútbol? ¿Por qué uno sufre estrepitosamente cuando la derrota toca a la puerta? ¿Por qué uno se convierte en el tipo más feliz del mundo cuando llega el grito de gol, la ansiada victoria, el ascenso tan esperado?

Domingo 26 de noviembre. Horneros “F” espera por Mapuche en el Reducto, el templo sagrado de Ingeniero Maui. No es un partido más. Los Pájaros Asesinos vienen de una trascendental victoria ante Cuba Fátima y están a un paso del ascenso a la “B”. El rival de turno es Mapuche, pero más que nada las ausencias: Peter Crouch se casa en Punta del Este (justo ahora, quién lo hubiera dicho...) y la lista de invitados se lleva a Colocha Korn, Bubugol Melamed, Pusineri Augeri, Ostra Dychter y Juancho Yannone. Con 13 guerreros en sus filas, el equipo de la dupla MJ espera por Mapuche. Pero Mapuche no llega... Y no llegará nunca...

El capitán Rocha da la noticia sobre la no presentación del rival y una sensación agridulce se apodera del equipo: felicidad por tres puntos clave, amargura por no poder ganarlos adentro de la cancha, por no poder desplegar toda esa adrenalina acumulada en la semana, cada vez que uno pensaba en este partido. Algunos superan rápidamente esa sensación agriduluce y proponen ir ya mismo por unas cervezas frías. La dupla técnica, algo más pensante, decide aprovechar para ensayar un entrenamiento liviano de cara a la última fecha. El domingo que viene hay que visitar a Campo Grande, aunque el ascenso podría quedar sellado esta misma tarde si Ayres del Pilar o Miraflores no ganan sus respectivos encuentros...

El picado-práctica termina 2-0 a favor del equipo de Monas “El Grande”, que defiende un arco minúsculo y ataca hacia otro gigante. Ahora sí, es tiempo de cervezas y de “pegar el oído a la radio”. ¿Cómo va Miraflores? ¿Y Ayres? Los Pájaros Asesinos ponen a funcionar su red de contactos y llegan novedades de otras canchas: Ayres 0-0 parcial con Castores; Miraflores 1-2 y después 2-3 con Campo Grande... Los corazones se aceleran, el ascenso parece estar cerca....

Pasan dos, tres, cuatro cervezas, la ansiedad es cada vez mayor. Ya son casi las seis de la tarde, los partidos deberían estar terminando. Nuevamente, llegan novedades desde otras canchas: Ayres le ganó 1-0 a Castores en la última jugada del partido. Puta madre... ¿Y Miraflores? El informante de turno es nada más y nada menos que Facu Gurevich, joven de dudosa credibilidad por sus cercanos lazos con el equipo de Tortuguitas. Facu dice “Miraflores 3-3”, y luego “quedan 5” y luego agrega “penal” y luego suelta “gol”... Hay confusión, bronca, teorías conspirativas y hasta promesas de ir a buscar al muchacho Gurevich y someterlo a una brutal paliza (qué le hace una mancha más al tigre) en caso que todo aquello sea una maniobra falaz... Todos los ojos miran al whatsapp... Facu escribiendo... (¿salvará su pellejo, sus sutiles rasgos de baby-face?) Facu escribiendo... “Muchachos acaba de perder Miraflores 4 a 2!!!!!” El ascenso ya es una realidad.

A partir de allí, se desencadena la hecatombe, la debacle total, una seguidilla de hechos bochornosos que involucra a un eufórico grupo de Pájaros Asesinos Hambrientos de Gloria: Rocha paga lo que sea por una botella de champagne medio pelo, Pancho Yannone arranca su auto con una mochila en el techo y Peter Lanzani transforma su chata en una tribuna móvil que se llena de jugadores, botellas y alguna otra cosita más... A puro cantito, la caravana inicia un desfile loco por las calles hornereanas que sólo se interrumpe frente a la casa del Doc Loncha, cuando las gargantas -desafiando a las frías estadísticas- entonan “el goleadooor, el goleadooor, el goleadooor, el goleadooor”. La próxima parada -obligada- es el Reducto, donde algunos -los más ágiles- se suben al travesaño y agitan las banderas rojinegras. Lanzani saca de la galera un champú de primera y Pancho Oneto un Chardonnay que no tanto, pero a esa altura todo brebaje sabe a dulce elixir... El Mariscal, algo entonado ya, hace gala de su magistral pegada con un par de cambios de frente para el recuerdo (¿?) y todo termina en la casa del gran Pancho Oneto, reciente sobreviviente de una caída de la chata en movimiento que podría haber sido fatal. Siguen los cantitos y las botellas y la euforia loca. Horneros “F” ya es de la “B”, un sueño cumplido.

Como siempre, hay que seguir, hay que seguir. Y la cosa sigue con un banderazo frente a la casa de Monas. El grito de “Olé, olé, olé, oleeee, Monaaas, Monaaas” obliga al aventurado guardavallas-locutor a salir de su casa para retribuir el tributo de su gente. La noche comienza a caer y algún barbudo veterano también... Hay que dejar todo, como siempre. Y entonces él va y lo deja todo. A partir de allí, se convierte en una suerte de zombie feliz, un muerto vivo en trance ascendente hacia un paraíso mental.

¿Cuándo sucedió? ¿Cómo? Pocos amores hay que duren toda la vida; el que sentimos por la camiseta de Horneros -sin dudas- es uno de ellos. ¿Prometés amarla y respetarla todos los días de tu vida, en lo próspero y en lo adverso, en el triunfo y en la derrota, de local y de visitante, hasta que la muerte los separe? Sí, claro. Sí, quiero. Cómo no voy a querer...

Hay que seguir (festejando), hay que seguir (por el campeonato).

Resumen del partido:


Los Horneros “F” 2 – Mapuche "Azul" 0 
(partido ganado por no presentación del rival)

21/11/17

Fútbol gratis (y del bueno) en C.U.B.A.

Por Ariel "Flecha" Lerner

“Es una tarde de sol, no te lo vas a perder….”

Escucho Cuba y sólo se me viene a la cabeza esa famosa frase -no tan feliz- de Fernando “Miembro” cuando le preguntaron si estaba a favor de privatizar el fútbol y él respondió: “Si quieren fútbol gratis, que se vayan a Cuba”. A esta frase, le respondo: si querés fútbol gratis, andá a C.U.B.A., que recibe a Horneros D y, cuando estos dos equipos se cruzan, hay promesa de buen fútbol.

En la previa, los dos equipos llegan como protagonistas del torneo: el local en la cuarta posición, mientras que la visita viene tercero. Ambos habían sufrido un duro golpe la fecha pasada: mientras los anfitriones sufrieron una durísima derrota (perdieron 5 a 1 con Miraflores), los Pájaros Asesinos venían de un empate de local con sabor a derrota.

Sumado a este empate, los oriundos de Ingeniero Maui tienen algunas bajas de peso. De peso literal, como nuestro arquero Rocha Agesta y el central “Flecha” Lerner, y otras de peso simbólico, como nuestro barbudo número 5: el Ruedi Peluffo. Además de la falta de players, hay falta de DTs, ambos ausentes por viajes impostergables. Ante esta situación, le toca debutar como DT interino a Ariel Lerner, joven entusiasta con más voluntad que recursos, que tras muchos años trabajando en inferiores afronta su presentación oficial dirigiendo en Selección.

Pero es hora de hablar de lo más importante: el partido. Ambos equipos se conocen, ambos saben a qué juega el otro. Los locales son un equipo rápido, ágil, que busca jugar rápido en el medio y tirando pelotazos al vacío, aprovechando de esa manera la velocidad de sus delanteros. Los Pájaros tratan de usar sus armas de siempre: solidez en el fondo, posesión en el medio y lanzar pelotas a los cajones para aprovechar la velocidad y habilidad de nuestras puntas, Peter Lanzani por izquierda y Rabona Fernández por derecha.

Usando sus armas, tempranamente (a los 5 minutos) CUBA golpeó primero. Un pelotazo largo, un mal rechazo, un rebote poco fortuito y el punta local quedó mano a mano con el joven Monas, que nada pudo hacer. Baldazo de agua fría para nuestro sueño, pero se necesita más que un balde para matar a un Pájaro Asesino. Rápidamente responde la visita: una combinación de nuestros Peters hace que Lanzani desborde por afuera, enganche hacia adentro y haga un pase atrás para que nuestro gladiador de las alturas saque un bombazo seco desde afuera del área y la pelota viaje directo al fondo de la red, dejando al arquero mirando anonadado lo que acaba de pasar.

Lejos de conformarse, la Fusión quería más. Y de la mano del señor Korn se llevaría algo más. Pelotazo largo, el arquero duda, Lean presiona al guardameta, el arquero pifia, Lean la empuja, la pelota acaricia la red, explosión de felicidad…. Goooooool. En 25 minutos, la visita gana 2 a 1. El primer tiempo siguió su curso, con pelotazos y centros de los locales (hermosamente despejados por la dupla central Peluffo-Miranda), mientras que la visita amenazaba con pelotas paradas. Cuando la primera mitad llegaba a su fin y parecía que nada podía pasar, un nuevo desborde de Peter, un enganche, una mano…. PENAAAL. Pena máxima que, brillantemente ejecutada por el Morfet, sentencia el 3 a 1 y el final del PT (descansa Wanda).

Ya en el segundo tiempo, los Pájaros Asesinos necesitaron de pocos minutos para dar su primer susto. El mismo vino de un nuevo desborde y centro de Peter, que no pudo ser bien conectado por Peter Crouch y luego el rebote fue malogrado por el Morfet.

Luego de ese susto, el local tomó el protagonismo y empujó a los Pájaros hacia su arco. De tanto empujar, tuvieron su premio: a los 22 minutos, llegó el descuento del local llenando de dudas al debutante DT. Lejos de paralizarse, Lerner manda a otro delantero a la cancha: entra la Ostra Dychter (recuerden ese nombre que va a ser importante).

El partido seguía su curso, hasta que llegó una nueva combinación de nuestros Peters (combinación letal en la tarde de Fátima). La roba Lanzani, se la da a Crouch, éste la mete al vacío para el pique de Lanzani, quien desborda y le da una pelota servida para que la acaricie el recién ingresado delantero… GOOOOL. Vuelve a explotar el banco de suplentes. En su primera participación, el pequeño Dychter sentencia el 4 a 2, aunque esa pelota NO la empujó solo; la empujamos todos, los que soñamos, los 11 gladiadores que estaban en cancha, los del banco, los que estaban en Mendoza y los que estaban en Punta del Este. La empujó todo un equipo que quiso y gritó ese gol con alma y vida.

Luego del cuarto gol, sólo quedó tiempo para un par de centros aislados del local y para un casi gol del renacido Pusi Augeri. Finalmente, llegó el tan deseado pitazo final. El juez, apurado por irse, tomó el balón y marcó el final. Explosión de alegría, festejos y abrazos del equipo. Merecido triunfo para un equipo que viajó a Fátima con ganas de llevarse algo, un equipo que jugó un partidazo con carácter, bolas, buen fútbol y que supo levantarse del duro golpe en el arranque del partido.

Felicitaciones Horneros “F” y a pensar en la próxima final.

Hay que seguir, hay que seguir…

Resumen del partido:


CUBA Fátima 2 - Los Horneros 4


Formación inicial: Tati Abatemarco; Federico Morfet Pascual, Juan Peluffo, Joaquín Miranda, Germán Mucci; Tomás Melamed, Matías Bubu Melamed, Nicolás Colo korn, Pedro Lanzani Mucci; Alexis Fernández, Leandro Korn

Director técnico: Ariel Flecha Lerner 


Goles: Leandro Korn (2), Federico Pascual (de penal) y Pablo Dychter.

Cambios, todos en el segundo tiempo: Pablo Ostra Dychter por Tomás Melamed; Franki Pusi Augeri por Alexis Fernández; Facundo “La Grasa” Gurevich por Leandro Peter Crouch Korn.

13/11/17

Horneros en su laberinto

Cuando uno ve que Peter Crouch se pone una muñequera de tenis en el tobillo, se da cuenta al toque que la mano viene torcida. Cuando uno ve que Rocha pierde el sorteo (parece que el árbitro no servía ni para lanzar bien la moneda) y que Horneros arranca jugando de espaldas al arco que da al arroyo después de 58 partidos, no tarda en pensar que algo extraño está por suceder. Cuando uno ve que hay cambio de camiseta y después no y de vuelta sí, pero al final no, enseguida advierte un aire enrarecido. Cuando uno ve a Pancho Oneto al costado de la línea de cal, se pone feliz. Y después nuevamente se pregunta si algo raro puede llegar a suceder aquella tarde calurosa en el Reducto.

El rival de turno es San Diego, equipo que lucha por no descender. Es una final y los Pájaros Asesinos lo saben. Cada vez queda menos para el final del torneo y el margen de error se reduce. Hay hambre de victoria (eso siempre es bueno), pero también ansiedad de victoria (a veces, eso no es tan bueno). En los primeros minutos, el equipo de la dupla MJ canaliza bien la adrenalina, toma las riendas del partido y comienza a llevar peligro al arco visitante, pero luego todo empieza a diluirse, a enrarecerse...

Los pibitos de San Diego que prenden la radio y no paran de hablar; Horneros que hace mal un lateral y Ari pega un patadón que lo hace acreedor de su quinta amarilla; los pibitos de San Diego que prenden el simulador y no paran de tirarse; Horneros que se engancha en la gilada y pierde el foco y erra pases y deja de jugar; los pibitos de San Diego que se agrandan; los Pájaros Asesinos se ponen cada vez más fastidiosos... Pocas situaciones, poco fútbol. El partido se juega más en la cabeza que en la cancha y así se va el primer tiempo.

Metido en un laberinto y con 45 minutos para encontrar la salida; así está Horneros en esta extraña tarde en el Reducto. ¿Lo metió el rival? ¿Se metió solo? Quizás San Diego haya colaborado, pero los Pájaros Asesinos parecen haberse metido allí por propia cuenta. Es su laberinto y, aunque aquellos pasillos le resulten familiares, no resultará fácil resolver el enigma y encontrar el camino a la victoria. Los laberintos propios suelen ser los más complejos: conocemos las paredes, los callejones muertos, cada uno de los giros... Creemos conocer la salida y nos confiamos, nos olvidamos que nuestro laberinto siempre está mutando, cambiando a cada minuto que pasa.

Todo parece seguir igual en el segundo tiempo: Horneros nervioso, San Diego en su salsa. Las interrupciones se repiten una y otra vez, se juega poco y nada, y el reloj pesa cada vez más sobre el equipo de la dupla MJ. Los visitantes juegan a sacar de quicio a los locales y hasta el árbitro, impresentable, parece disfrutarlo... Con el ingreso de Peter Crouch, Horneros busca ganar potencia ofensiva. Con juego o sin juego, hay que buscar el triunfo como sea; si no es con toque y asociaciones, que sea con bochazo largo y cabezazo. Pero nada parece funcionar...

El árbitro adiciona 6 minutos y Horneros ensaya la última arremetida. Casi hay victoria agónica cuando Joaco cabecea y un defensor la saca sobre la línea. Casi hay victoria agónica, pero Peter Crouch no puede aprovechar un peligroso tiro libre a centímetros del área... Casi hay victoria agónica, pero no... Hay empate. Hay un doloroso 0-0, una inesperada igualdad para los Pájaros Asesinos, que se quedan masticando bronca e impotencia.

A la noche, como siempre, Pusineri elabora su servilleta mágica. No hay tiempo para lamentos. El ascenso sigue ahí, al alcance de la mano, depende enteramente de los Pájaros Asesinos y Hambrientos de Gloria. Hay que cambiar el chip y pensar en lo que viene. El domingo (¿o el lunes?) hay una finalísima del mundo mundial, toda una semana para enfocarse en el duelo crucial contra Cuba. Un nuevo desafío, una oportunidad de volver a demostrar la fuerza de este grupo, la voluntad inquebrantable de siempre ir por más. Es ahora. Es tiempo de hacer historia, tiempo de héroes y epopeyas. Ya lo decía Leopoldo Marechal: “De los laberintos, se sale por arriba”.

Hay que seguir, hay que seguir.

Resumen del partido:


Los Horneros “F” 0 – San Diego 0

Formación inicial: Rocha; Joaco Miranda, Juancho, Ari, Germi; Rueda, Bubu; Pedro, Alexis, Tomi Mela; Ostra Dychter.

Goles: No hubo.

Cambios, todos en el ST: Lean por Tomi Mela; Fede Pascual por Alexis; Facu por Ostra.