Una final. Si algo tenían claro los cracks hornereanos era que estaban frente a un partido clave,
uno de esos encuentros que pueden decidir la suerte de todo el año. Así lo repitió una y otra vez el
Profe Loncharich en la semana y en la previa del duelo ante Aranzazu Verde, que marchaba segundo con tres puntos de ventaja sobre el equipo de Ingeniero Maschwitz.
Horneros llegaba al choque con sus habituales limitaciones, aunque esta vez el
Club de los Once había sumado un guerrero más y los rojinegros
se daban el lujo de tener un suplente esperando del otro lado de la línea de cal. El relevo era nada menos que Federico Galera y Bastón Pérez Acquisto, que llegó sobre la hora y con una fiesta de casamiento encima.
En la charla previa, los técnicos hornereanos dan sobradas muestras que el club está a tono con los adelantos tecnológicos y
pelan una pizarra mágica que parece de juguete, como si la hubiesen sacado del juego de azar "Sí, sí señores" que promociona Alejandro Fabbri en
TyC Sports. El
Profe dispone las fichitas sobre la magnética cancha verde y explica cómo debe pararse el equipo, pero después el
Pelado Miguel es atacado por una furia infantil y hace una ensalada de piezas rojas y azules totalmente incomprensible.
Igual, el concepto entra con claridad en los jugadores: huevo, huevo, huevo.
Partido chivo. Como siempre contra Aranzazu, el trámite es cerrado y un segundo de
desconcentración puede costar muy caro. Encima, a los tres minutos de comenzado el encuentro, el
Carnicero Santana mete una linda murra y se gana la amarilla, quedando condicionado para lo que viene. “Es la primera que pego”, se queja el “6”, pero el juez es inflexible y no escucha razones.
A Horneros le cuesta tener la pelota e hilvanar jugadas de peligro, pero temprano encuentra la forma de desnivelar. El
Melli recibe a espaldas de los volantes, gira su pesada osamenta y saca un remate de tremenda potencia que se clava en el ángulo del calvo arquero local. Golazo. 1-0. Festejo, sí, pero medido, porque tanto el goleador como algunos otros ya sienten las consecuencias del calor y muestran señales de ahogo.
A pesar de la ventaja, el equipo de Maschwitz no la pasa nada bien. Los volantes pierden la mitad de la cancha y la disposición de las marcas obligan a Franky Augeri a jugar prácticamente de lateral por izquierda. Aranzazu tiene el dominio de la pelota y el territorio, aunque le cuesta llegar con claridad. En un tiro libre por falta de Juancho Peluffo (foul sobre la línea, pudo haber sido penal), Agesta contiene el remate pero un jugador local llega a puntearla en el rebote y el palo salva a Horneros.
El partido queda planteado así, con el Verde yendo a buscar y los rojinegros buscando lastimar de contra. Los hornereanos no pueden tener la pelota y se resignan a marcar y correr, a ponerse el ya clásico overol como tantas otras tardes en las que el fútbol aparece en cuentagotas. Lamentablemente, el
Doc Loncharich sufre una preocupante lesión en su mágico pie zurdo y debe dejar la cancha para que ingrese el
Narigón Pérez. Además, antes de llegar al entretiempo, el joven arquero Sub 20 se manda una para el recuerdo: “Voy…, no tuya…, no mejor voy….”, pero termina agarrando el balón y el 1-0 no se mueve.
En el segundo tiempo, las cosas no cambian demasiado. Aranzazu va con todo por el empate y Horneros cada vez encuentra más espacios para la contra. Sin embargo, los locales pegan primero y empatan el partido con una buena definición de su número 10, una réplica del
Laucha Lautaro Acosta, el crack de Lanús.
El gol pega duro en el ánimo de los guerreros de Loncharich, que empiezan a verse superados en el aspecto físico.
El vendaval arrecia bajo los tres palos de Agesta. En una increíble jugada, un delantero local vuelve a estrellar la pelota en el palo y en el rebote, fusilan al juvenil arquero que despeja milagrosamente con la rodilla. Eso sin mencionar una pifia de Juancho que permite un mano a mano que no es gol gracias al atore del “1” y la definición defectuosa del diez de los verdes. Otra vez, el
Barba –que no es Rueda- parece estar del lado de los rojinegros.
Horneros no genera mucho, pero hay espacios en la defensa rival y el equipo empieza a provocar situaciones de peligro.
Crouch Korn sigue sin suerte: primero el arquero y después el travesaño impiden el gol del largo delantero, mientras un tiro libre de Juancho que se desvía en un verde casi termina en el fondo de la red.
Y el milagro llega…
En una nueva contra, Franky
Pusineri Augeri toma el balón entrando por la izquierda, deja en el camino a un defensor con un quiebre de cintura y define de zurda contra el palo más lejano del arquero.
Golazo. Barrilete cósmico. Locura. Montonera. Festejo loco del
Melli contra un viejo insoportable de la tribuna local. 2-1 para Horneros a siete minutos del final.
Ahora, a aguantar. En el final, Aranzazu renueva su andanda ofensiva y los muchachos hornereanos se defienden con uñas y dientes. Encima, el
Carnicero ve la roja de una manera inexplicable: una crítica del
Pelado motiva una contestación hacia el calvo DT y el árbitro lo echa pensando que los agravios eran para su persona. Los bochazos llueven sobre el área de Agesta, pero el marcador final no se mueve.
Horneros festeja con los puños apretados: acaba de sumar tres puntos vitales y se mete de lleno en la lucha por el ascenso.
Resumen del partido:
Formación inicial: Rodrigo Agesta; Tomás Melamed, Juan Manuel González, Juan Peluffo, Mariano Tewel; Adrián Kaminker, Diego Peluffo, Francisco Augeri; Diego Lombraña; Leandro Korn, Emiliano Loncharich. DT: Héctor Miguel – Nicolás Loncharich.
Resultado final: Aranzazu Verde 1 – Los Horneros 2
Cambios: Primer tiempo: Federico Pérez Acquisto por Emiliano Loncharich (lesión)
Goles: Primer tiempo: Diego Lombraña.
Segundo tiempo: Francisco Augeri.
La figura: Francisco Augeri
A pesar de otros buenos rendimientos,
Pusineri ganó la pulseada con su obra maestra en el segundo gol de Horneros, nada menos que el de la victoria. Además, cuando tuvo que sacrificarse, se puso el overol y fue casi un 3 bis. Aplausos.
Premio “Carlitos” Rodríguez: vacante.
Era una final y Horneros la jugó como tal. Fue un partido de hacha y tiza, donde no abundaron los lirismos. Los lujos, para otro día.
Premio “Patadita” Borinsky:
En la semana se defendió recordando que todavía no lo habían expulsado. El hombre es esclavo de sus palabras y el
Carnicero Santana terminó preso de las tarjetas: amarilla por una brusca infracción en el comienzo del partido y roja inexplicable por insultar a su propio técnico. Igual, no fue ni de cerca su partido más violento y la expulsión fue injusta.