Por Diego Lombraña
La verdad es que cuando me propuse escribir la columna, creí que no me sería sencillo encontrar las palabras adecuadas para expresar mis sentimientos hacia cada uno de ustedes y hacia este equipo, sumado a la difícil situación que debemos afrontar esta semana. Pero, realmente las últimas palabras del DT me hicieron entender que cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestras vidas y una lección que nos ayuda a crecer. No debemos desanimarnos por los fracasos. Sino que debemos aprender de ellos, y seguir adelante, ya que la grandeza de un equipo no radica en nunca fallar sino en nunca darse por vencido, y ese es un atributo que en nuestro equipo no escasea, ya que lo que nos sobra es corazón, ese corazón que se ve reflejado en seguir corriendo cuando las piernas no responden, seguir intentando cuando los goles no aparecen, es esa palabra de aliento de Rueda pidiendo un poco más, es el esfuerzo de aquellos que están afuera esperando entrar para poder ayudar, es la garra del Doc que aún con un dolor que lo aqueja hace fechas hay que pegarle un tiro para sacarlo de la cancha, es ver al Bufo correr sin parar como si la espalda no le doliera, es verlo a Rodri seguir defendiendo el arco con alma y vida aún cuando el partido ya estaba perdido y así podemos seguir mencionando muchos otro ejemplos más.
Yo no puedo asegurar cuál va a ser nuestro futuro, decir que de esta manera vamos a salir campeones o no, pero de lo que si estoy seguro es que cuando lleguemos al final del camino nadie va a poder negar que este equipo luchó hasta el final, haciendo aquello que amamos y que es parte de nuestras vidas, EL FUTBOL.
Por último, quiero que sepan que, si bien como en todo grupo, uno puede tener más afinidad con uno que con otro, seguramente por cuestiones de edad y por maneras de pensar, ustedes son más que un equipo para mi, son una familia, que me supo ayudar en los momentos difíciles de la vida (fuera del ámbito del fútbol) y de los cuales siempre recibí un consejo o una palabra de aliento cuando lo necesité. Sepan que pueden contar conmigo para lo que necesiten y sigamos para adelante.
El Gordo (pero con cariño)
El Gordo (pero con cariño)



El Bufo se sacó la mano de la cintura y demostró que los años no pesan. Marcó, anticipó y corrió incansablemente, incluso cuando hubo que defender con tres. El Roberto Carlos de Horneros está vigente.

Hubo previa en la Casona: pizarrón, papeles tácticos, pequeños Loncharich con casacas verdes soñando con ser como el padre (¿o como el tío?). En fin, la familia hornereana estaba reunida como cada domingo y eso ya era importante. Hasta hizo su aparición el gran Bebilacua, siempre una reserva moral del universo rojinegro.
A remar otra vez. El equipo de Ingeniero Maschwitz debía ir a buscar el partido desde abajo, pero pronto se encontró con una inesperada ayuda: un rival reaccionó contra el recio Franky Augeri y se fue expulsado. Con uno más, la cosa parecía bien posible para los rojinegros, que empezaron a generar algo de peligro.
En el segundo tiempo, Horneros salió con la convicción que podía repetir lo hecho frente a Armenia. Kaminker entró bien en el mediocampo y Tomi Melamed estuvo cerca de conseguir el empate con un remate cruzado que contuvo el arquero. Pero el local carecía de ideas y, aunque tenía uno menos, por momentos San Diego se daba el lujo de manejar el balón.
