Después del adiós a la sequía goleadora que significó el 4-0 a Mapuche, Horneros volvía al Reducto con la intención de sumar tres puntos más y meterse en la lucha por la Permanencia. En frente estaba La Tradición, uno de los rivales a vencer, igualado en puntos con los rojinegros, uno de esos partidos que hay que ganar sí o sí para mantener el sueño de quedarse en la “A”.
Tarde lluviosa en un Reducto espectacular como siempre, rápido y furioso, listo como para un partido del fútbol inglés. En el local, se producía el regreso del Doc Loncharich y del glorioso Bebilacua, mientras que Totono Pérez se sumaba a Rueda en la lista de lesionados. Además de mucha experiencia, en el banco de suplentes había un mingitorio, como para demostrar que Horneros está a la vanguardia en lo que a infraestructura se refiere…
Tarde lluviosa en un Reducto espectacular como siempre, rápido y furioso, listo como para un partido del fútbol inglés. En el local, se producía el regreso del Doc Loncharich y del glorioso Bebilacua, mientras que Totono Pérez se sumaba a Rueda en la lista de lesionados. Además de mucha experiencia, en el banco de suplentes había un mingitorio, como para demostrar que Horneros está a la vanguardia en lo que a infraestructura se refiere…
Como es habitual, los players se juntaron para la arenga previa y allí el barbudo capitán en inactividad lanzó una frase profética y muy lúcida: “Hay que hacer el primer gol primero”. ¡Qué claridad conceptual! ¡Qué facilidad de palabra! Tan claro fue su mensaje que aquello no tardó mucho en trasladarse a la cancha. El pibe Agesta sacó del arco, el Doc metió una asistencia de taco y de aire increíble (lo aprendió en Brasil) y el Melli Diego la mandó a guardar en el mano a mano. Golazo y 1-0 para el Club de los Once.Pero la ráfaga goleadora continuaría, demostrando que el arco realmente se ha abierto para los rojinegros (aunque esta vez el arquero visitante fue algo así como un anfitrión de lujo). El segundo llegó por medio de un remate “furibundo” de Bubu desde afuera del área y el tercero gracias a otra “bomba” de Franky Augeri que venció la resistencia del “1”, empeñado en sacarla con el pie (¿?) como si fuese un (mal) zaguero. Horneros estaba 3-0 arriba y Zequi y el Escandi eran la combinación perfecta de toque y quite en la mitad de la cancha, pero faltaba mucho y Walter Nelson no quería gritar “partido liquidado”.
En el segundo tiempo la diferencia se haría aún mayor. El local entró un poco dormido, pero Franky con un remate engañoso (¿adónde fue a buscarla el arquero?) y el Cirujano del Gol con un toque sutil de zurda estamparon un 5-0 que hacía presagiar otra fiesta en Ingeniero Maschwitz. Afuera la gente pedía el ingreso del tanque Pavone y llegaron los cambios en el equipo del Profe Loncha.Hay que decirlo: La Tradición tiene dos tremendos delanteros. El “7” es una especie de Usain Bolt de zona norte y el “9” tiene algo menos de velocidad pero quizás más habilidad y manejo. Un poco mejor controlados en la primera etapa, en el complemento comenzaron a hacer de las suyas y con sendos remates cruzados metieron dos golazos para poner las cosas 5-2. “Mirá si nos empatan…”, tiró algún agorero en la tribuna, convocando inútilmente fantasmas que se hicieron más grandes luego del error de Rodri y un nuevo descuento para el visitante.
Aún quedaban quince minutos, pero no habría más acción en el marcador. Agesta tapó una muy buena, la defensa aguantó el resto, Pavone casi no la tocó, Fefé intentó tres cucharitas (una con éxito) y Bubu y Tomy Sirvarjer se perdieron el sexto. Era igual: Horneros festejaba, cantando y goleando bajo el agua, mojando aún más que la misma lluvia, sumando su segunda victoria consecutiva y demostrando que está para dar la pelea grande, esa que lo quiere ver en 2009 en la máxima categoría.
Resumen del partido:
Resultado: Horneros 5 – La Tradición 3
Formación inicial: Rodrigo Agesta; Tomás Melamed, Juan Peluffo, Fernando Lombraña, Marcos Peluffo; Francisco Augeri, Adrián Kaminker, Zequi Rambla, Bubu Melamed; Diego Lombraña y Emiliano Loncharich. DT: Nicolás Loncharich.
Goles: Primer tiempo: Diego Lombraña, Bubu Melamed, Francisco Augeri. Segundo tiempo: Francisco Augeri y Emiliano Loncharich.
Cambios, en el segundo tiempo: Fernando Lía por Fernando Lombraña; Esteban Bendersky por Zequi Rambla y Tomás Sirvarjer por Emiliano Loncharich.
La figura: Zequi Rambla. Larguirucho la rompió, fundamentalmente en el primer tiempo. Con su toque preciso y su capacidad para explotar los espacios vacíos, fue clave para desarticular al rival. Claro, contó con la colaboración del Escandinavo, que quitó mucho y también jugó (pase bochinesco a Franky en el tercero de Horneros). El doble “5” funcionó casi a la perfección.


Las emociones llegarían en la segunda parte. Horneros seguía batallando, luchando en cada sector, poniendo más fuerza que fútbol, y entonces se produjo un hecho clave, el “hito” que cambiaría el rumbo del partido: Totono Pérez se fue lesionado e ingresó Edson Arantes do Nascimento. Sí, el gran Fefé. Allí, el circuito futbolístico comenzó a aceitarse y las situaciones se hilvanaron una detrás de la otra.
Sin embargo, el reloj no sería esta vez un enemigo del rojinegro. Todo lo contrario: en los minutos siguientes, se asistiría a un verdadero vendaval de fútbol y goles, todo un “empalague” para aquellos que miraban el partido. Y habría un protagonista especial, la intervención decisiva del definidor “no apto para cardíacos”, un jugador que puede matar a una tribuna entera con sus definiciones en cámara lenta.

Todo lo alcancé a ver fue a Totono Pérez pegándole duro con su “ojota” derecha, un par de cabezazos rivales que por fortuna tuvieron mala dirección, un Negro Lombraña prácticamente impasable y un “Carlitos Negro” con un ida y vuelta endemoniado, además de un Melli Diego “con mucho aire y pocas piernas”, según su propia definición.
Antes de meterme en el segundo tiempo, un párrafo aparte para el Escandinavo. No sólo es un gran cafetero, también -junto a quien escribe, claro- va camino a convertirse en uno de los plateístas más jodidos de toda la zona norte. Gritos como el de “otro volador, otro volador, otro volador…!!!” y “se fue, se fue, se fue, se fue…” (empezando quince metros antes que la pelota realmente se fuera), sorprendieron a propios y extraños y se agregaron a su ya larga lista de frases célebres. Un grande.
Bocha cruzada para dos armenios que llegan por el segundo palo. Primer remate y tapada de Rodri. Cabezazo en el rebote y tapada de Rodri casi milagrosa en la línea. Parece que Horneros pasa el sofocón, pero el asistente hace lo que ninguno de sus colegas suele hacer: toma una decisión y corre hacia la mitad de la cancha marcando que fue gol. Una decisión equivocada, claro. Desde su posición (casi la misma que la del técnico y la platea hornereana), era imposible saber si el balón había entrado.

